Ley 11. En la Independencia NO está el Máximo Poder.
Sí para mantener mi poder,
hago que dependas de mí,
el peso que terminas por ser,
me impedirá llegar dónde y cuándo quiera.
La décima primera ley de Greene de sus 48 leyes del poder, explica simplemente que “hay que hacer que la gente dependa de uno porque al hacerlo, se logra tener cada vez una mayor ascendencia sobre el otro, no importando que sea el patrón o el subordinado”.
Esta ley, que ya va repitiendo diferentes aspectos de lo fundamental de este pensamiento que se encuentra en el conocimiento del poder empático que relaciona el nivel de evolución psicosocial alcanzado (entre víctima e interdependiente) y las interacciones posibles, hace que se establezcan parámetros estables como, por ejemplo el desprecio de un independiente por una víctima y la envidia que le genera todo independiente a todo ser que no tiene poder o que no sepa que lo tenga.
Hacer que otro fundamente su vida en lo que uno hace, dice, siente o no hace, no dice o no siente, genera relaciones de alto costo que van en contra del sentido de autonomía que merece todo ser humano. Esto hace que esta ley pueda realmente, ser cuestionable desde los puntos de vista moral y ético. Esto cambia, si la palabra (y con ello toda la realidad de relaciones) dependencia es sustituida por la de interdependencia que permite unas dinámicas de ganar-ganar en la que las personalidades se ayudan mutuamente a conseguir lo que necesitan o desean en los roles de aliados o socios, de amantes, de amores o de amigos.
Si, como dice el autor, el máximo poder de alguien reside cuando se logra que los demás hagan lo que uno quiere, éste debe estar fundamentado en los dos elementos del poder individual o personal que hagan que esta capacidad no se reduzca a hechos tontos, inconexos, sin verdadero sentido de logro que se demuestren en que lo tiene, al mismo tiempo, pueda hacer lo que necesite o requiera o no haga lo que no desee o necesite. Luego, en lo que tiene razón absoluta Robert Greene, aparte de mejorar lo moral y lo ético de sus planteamientos, está en aseverar el que no hay que creer que el máximo poder está en la independencia porque, simplemente, el poder es el resultado de la relación entre la gente. No hay verdadero ejercicio del poder social si no hay otros porque tan sólo quedaría como un auto poder que, al estar solo, no dura por mucho tiempo.
Las leyes de Robert Greene ya comienzan a repetir los mismos conceptos básicos de las leyes anteriores, con una evaluación en la que los seres humanos transitamos desde víctimas hasta victimarios, supervivientes o independientes. En esta undécima ley, ya tiene la absoluta visión de lo que es la interdependencia aunque evaluada, todavía, como una lucha de poder en la que los parámetros son, yo gano y tú pierdes.