Ley 9 de Robert Greene. Ser Contundente.
El poder que se fundamenta en la argumentación sin que se demuestre a través de acciones concretas genera un poder que, finalmente, puede ser tan vulnerable como el que ejerce acciones sin argumentarlas. Por ello, en todo gran poder, de los que nacen y evolucionan, tiene que demostrarse a través de acciones concretas y, además, utilizar la argumentación que mientras más honesta y comprobable sea, le hará más sólido y contundente. Estas son algunas reflexiones que surgen cuando se lee la novena ley del Poder de Greene.
Poder de sólo la palabra, crea los sueños necesarios;
poder de sólo la acción, crea resistencias ante el atropello.
Ganar a través de las acciones reduce, en forma sencilla, la novena ley del poder que Robert Greene explica en su libro. Claramente dice que no hay que explicar, sino demostrar. Para ello argumenta una serie de situaciones en las que demuestra lo que es ganar con las palabras y lo que es ganar con hechos y de sus grandes diferencias.
En nuestra metódica, esta ley pareciera corresponderse a un elemento importante de la credibilidad que ya hemos nombrado unas cuantas veces pero que en esta ley profundizamos y que es la capacidad para demostrar que se es competente, es decir, que se puede hacer bien una determinada acción y que, desde allí se gana la fama o el prestigio de poder hacerlo y, además de hacerlo bien.
Para hacer esta discusión mucho más clara, comparemos la capacidad argumentativa con la demostración conductual en sus puntos extremos; esto nos lleva a las siguientes situaciones límite,
Baja argumentación + baja demostración indiferencia
Baja argumentación + alta demostración sorpresa
atropello
Alta argumentación + baja demostración hipótesis
posibilidad
Alta argumentación + alta demostración contundencia
Si alguien, como propone esta ley de Greene, demuestra mucho más de lo que argumenta, genera una gran sorpresa que luego puede transformarse en una fortaleza del personaje que "no habla tonterías" sino que "demuestra con hechos" pero también se encuentra la posibilidad -a nuestro juicio ideal para la toma, el mantenimiento y la optimización del poder-, de argumentar y demostrar al mismo tiempo que hace que la personalidad emita un mensaje de tal contundencia que luce realmente incuestionable.
Si no hay una clara demostración de los hechos, para los demás, todo cuanto se diga no pasa de ser una realidad que funciona como hipótesis a comprobar por parte del que oye. Los grandes vendedores de sueños también tienen un gran poder pero mientras alguien no compruebe que realmente no son posibles de realizar, seguirán estando en el futuro como una posibilidad.
Hay personalidades de gran poder que generan una gran sorpresa demostrando hechos sin hablar mucho pero sabiendo que luego tienen que utilizar la argumentación (lo probado) para lograr la contundencia. Muchas veces, alguien que ha generado un primer impacto de sorpresa se queda porque otros, con gran velocidad, demuestran contundencia. La conclusión, en las dinámicas del poder real es que es preferible ser contundente que ser sorpresivo y hacer que los otros se sientan atropellados.