EL CULTIVO DEL EGO
Tomando en cuenta el análisis que hicimos de la canción “Every breath you take” sobre el comportamiento que nos hace tener, en ocasiones, el ego, aquí publicamos un artículo que publicamos hace justo 4 años atrás.
La soberbia con buena autoestima
es tan rara que, cuando aparece,
o la soberbia es una estrategia o
la autoestima es una farsa.
Algo muy difícil de valorar, en su justa dimensión, está en establecer lo que separa una buena autoestima que requiere y exige respeto de una hiper estima que, por el contrario necesita de halagos permanentes y crecientes y que, al mismo tiempo, no soporta una crítica, así venga de quienes más le aman y apoyan. Establecer este límite requiere de una revisión previa varios conceptos entre los que sobresale el de autoestima y que defino como la capacidad que tiene una personalidad para amarse a sí misma tras el verdadero conocimiento y aceptación de su propio “yo”. Bajo este concepto, la hiper estima puede estar definida como la capacidad que tiene la personalidad para amarse a sí misma como un mecanismo compensatorio, que neutraliza un gran miedo a (re) conocerse de manera profunda.
De acuerdo con esta revisión, el que tiene una sólida autoestima, recibe el verdadero reconocimiento de sí mismo mientras que el que tiene una hiper estima, requiere del constante reconocimiento externo para calibrar el deficiente concepto que tiene de sí mismo o, quizás, para no tener que demostrarse a sí mismo, a través de un profundo autoconocimiento, que no vale tanto como le dicen los demás porque cuando esto sucede –el no reconocimiento externo- se cae, irremediablemente, en la baja autoestima o hipo estima.
Se puede concluir, como consecuencia, que quienes cultivan el ego de manera excesiva, lo estén haciendo para compensar o un gran desconocimiento de sí mismo o, un inconveniente concepto de lo que verdaderamente es. Esta guía nos sirve para evaluar con mayor cuidado toda aquella situación en la que alguien trata en forma desesperada ser centro de atención en base a los atributos físicos, psicológicos o socioculturales que posea, para tener, a partir de estos, una atención y un trato especial por parte de los demás. Esto luce particularmente importante luego de los treinta años de edad cuando la gran mayoría de personas, se suponen han comenzado a tener logros importantes de vida.
El segundo punto importante que puede ayudarnos a diferenciar una buena autoestima de una sobre estima se encuentra en el hecho de que la buena auto estima soporta la crítica –aún la malintencionada- con estabilidad y madurez, es decir, manteniendo sus valores básicos y soportando con dignidad los fracasos y con humildad los éxitos. El ego patológico no soporta la crítica adversa y, por lo tanto, no puede aprender de los otros ni a tener una perspectiva de análisis en la que los demás sean importantes. Por ello es que generalmente, el ego distorsionado se transforma en un egoísta y que, lo diferencia de muchos egos profesionales que a pesar de utilizarlo en forma estratégica para sus carreras, aprenden a soportar la crítica y el triunfo de los otros y, de la misma forma, a aprender tanto de la primera como de los segundos. El ego patológico no soporta la competencia porque en ella, está su auto valoración como ganador y triunfador.
Como todos los seres humanos tenemos el peligro de caer en el ego patológico con nuestras capacidades y logros, siempre tenemos que tener presentes algunos signos tempranos que nos alerten de convertirnos en el centro de un cultivo de personalidad porque quienes lo harán o son víctimas cuyas vidas dependen del halago que nos hagan o vividores que nos están haciendo creer que somos lo máximo, cuando en realidad se están riendo de nuestra percepción de nosotros mismos. El cultivo del ego puede terminar en convertirnos en dictadores explotadores o en ridículos personajes que hacemos cualquier cosa para que nos digan cuan buenos somos.
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